Ayer visité el bosque, bailando entre la luz y la oscuridad, entre la magia y los sueños, entre la verdad y la ilusión. Recorrí todo mi cuerpo buscando ese rincón donde la vida no cesa.
Ayer, caminaba sobre hojas viejas y caídas, mojadas y deformes, arrugadas y mimetizadas en una tierra fértil y fructífera, descalza y hambrienta de paz, sentí el frescor y me dejé llevar.
Caminaba como si el mundo ya se hubiera acabado y sólo quedara el tiempo y el espacio en una soledad ideal pero con ciertos remilgos, algo incómodos, con atisbos de eterna pereza.
Ya se intuye el otoño en mi piel y en mi sutil naturaleza sensible y profunda, en mi, siento el devenir de la hoja caída y el funeral de algunas flores que darán paso a una vegetación intima y reservada a la espera de un nuevo Sol, cálido y brillante, mi Alma acompañaba esta sensación inevitable y rugosa.
La luz del Sol entraba entre las abundantes ramas, las hojas se movían juguetonas y salvajes en esa brisa fresca y llevadera.
Me sentía como una niña que veía por primera vez la belleza de una flor en primavera.
Adoro el otoño, su olor, su forma de anunciar el descanso y el refugio invernal. Tiene una maravillosa manera de trasladarnos de lo mundano a lo misterioso. Tiene esa fragancia de interiorización y espera, de paciencia hacia lo nuevo y bello, tiene esa capacidad de hablarnos desde el revoloteo de los milanos que adornan el cielo sin descanso hasta el abrazo de un jersey mullido y amoroso que anuncia que ha llegado el momento de reposar y sentir, de una caliente taza de té y una manta junto al fuego.
Los castaños celebran ese parto múltiple de su fruto rico y sabroso, los nogales cubren los campos de pequeños cerebros comestibles. Los granados buscan el Sol para terminar de madurar esos granitos rojos y frescos que llenaran nuestros postres y explotarán en nuestro paladar.
La naturaleza abundante y transformadora, siempre me acompaña, me nutre y me muestra sus mensajes.
-Todo está por llegar- !!, me dice y sonríe junto al musgo y el helecho temblón. -Nada esta escrito, tu realidad la creas tu cada día y cada noche cuando muere esa parte de ti y renace al salir un nuevo Sol al despertar. El viaje es único e irrepetible, da los pasos correctos, corrige tu presente y deja que las estrellas te acompañen, deja que todo se desprenda y permite que cualquier cosa se pueda manifestar, aún mas bella y especial que antes, las posibilidades son infinitas y los caminos crean nuevos y amorosos momentos –
Justo en ese momento, la hoja de una hermosa haya se dejo caer dando giros divertidos y majestuosos para descansar en los dedos de mi pie, en ese momento, me dejé caer como ella y solté todo aquello que ya no quería estar en mi. Me dejé llevar junto a los pájaros cantarines que se hacían oír entre un huracán de emociones que iban a todas direcciones y que era incapaz de definir, sólo fue un trámite, una gestión completamente acertada es un lugar preciso y en un momento inesperado, perfecto y lleno de Amor. Solo eso
Después, una sonrisa satisfecha y consciente inundó mi gesto húmedo de sentimiento y gratitud y seguí por el sendero en silencio y más entera si cabe.
La naturaleza, la vida…