Buscamos Amor, ese es el denominador común en esta sociedad.
Constantemente en consulta me encuentro con miedos y más miedos relacionados con la búsqueda de Amor, en todos los ámbitos de la vida de una persona.
La mayoría de las veces lo disfrazamos con expresiones del tipo: » Mi jefe no valora mi trabajo», «mi pareja me engaña con otro», «no me puedo permitir estar a solas», «no encuentro pareja», «mi amiga me ha traicionado», «mi familia no me tiene en cuenta» y un largo etcétera que esconde la verdad del asunto: NO NOS SENTIMOS COMPLETAS Y POR LO TANTO NECESITAMOS CENTRARNOS EN EL EXTERIOR PARA JUSTIFICAR QUE NO SABEMOS AMARNOS.
En el curso que estoy ofreciendo de Salud Emocional, está presente esa frustración que acompaña y que no es observada como tal, sino que hay una tendencia general a identificarnos con el significado que le hemos dado a nuestra historia.
Con esto me refiero a que hemos construido un personaje o varios de nosotras mismas que representan un papel significativo en el desarrollo de nuestras vidas y cuya intención es protegernos de cualquier amenaza que aceche y pueda arrebatarnos nuestra verdadera esencia, ese diamante en bruto que en algun momento de nuestras vidas vimos amenazado por una escena traumática o impactante que marcó un antes y un después en la percepción de nuestra vida, del mundo y de nosotras mismas.
Le dimos un significado a esa experiencia y nos sentenciamos de por vida basándonos en la explicación que le dimos a ese suceso, estancados y confundidos por el dolor y el juicio turbulento creando nuestra sombra y descartando la verdadera esencia que nos habita.
Os cuento un ejemplo.
Hace años tuve un paciente, que vivía una vida frustrada, monótona, aburrida y con pocos incentivos. Se revelaba contra el mundo y su autoestima estaba bajo cero, no veía en él nada más que defectos y malos hábitos. Durante años experimentó con las drogas y otras sustancias que pudiera ayudarle a salir de la percepción de sí mismo. En una de las secuencias terapéuticas manifestó su dolor cuando, en un ejercicio de auto indagación, me contó una escena en la que había sentido desprecio y rechazo, falta de reconocimiento y amor por parte de su padre cuando ilusionado le enseñó la figurita de arcilla que le había hecho por el día del padre; éste no sólo lo menospreció sino que le dijo que era una figurita fea, y sin mediar palabra salió de la habitación sin un ápice de aprecio ni gratitud. Contaba con 6 años. Ese suceso le marcó de por vida, y generó en el la creencia de que nada de lo que haría sería de importancia para nadie, no podría jamás ofrecer sus dones ni destacar en nada, y se identificó como alguien que no merecía amor ya que algo en el no iba bien, pues su padre, ni siquiera le amaba, «soy defectuoso y no soy digno de amor» fue su sentencia. Con los ojos cerrados lloró hasta agotar sus fuerzas mientras se daba cuenta de como se había castigado y comprendió la responsabilidad que debía asumir de su vida y de los comportamientos y conductas que tenía como consecuencia de esa experiencia. En esa sentencia decidió apartarse del mundo y sobre todo de sí mismo. Se creyó la historia que se había contado y oculto su brillo para que quedara intacto en algun rincon desconocido de sí mismo.
Tras unas cuantas sesiones más, pudo comprender las oportunidades que esa experiencia le había ofrecido para desarrollar capacidades que le aportaran contenido para su propósito vital, pudo perdonarse y darse cuenta de que había culpado de sus desgracias a su padre toda su vida para justificar esa sentencia y dejarse llevar por esas creencias que el mismo se contó.
La falta de amor hacia si mismo fue la causa de tanto dolor y sufrimiento.
Encontró un sentido a ese recuerdo. El era jardinero. Cuando le pregunté que aportaciones recibió y como las usaba actualmente en su vida me dijo «gracias a esa experiencia pude ver en mi esa capacidad de cuidar de las cosas más pequeñas, de ser empático con las personas , de buscar la manera de cuidar un jardín (su jardín interior); ahora era consciente de que para poder reconciliarse con su historia tenía que dejar de buscar culpables, perdonarse por separarse de sí mismo y observar de forma real que su propósito y pasión por el cuidado de los jardines y parques que atendía en su día a día era la manifestación de la belleza, el amor y el cuidado que nunca recibió y que gracias a ello había despertado de ese sueño para dedicar su vida a moldearse como a esa figurita de barro.
Pudo transformarse.
Estas y muchas historias nos persiguen, nos atan a una visión del mundo que nos afecta.
Puedes cambiar tu mundo, si te permites viajar al pasado para ver esa otra realidad que te ayude a manifestar todo ese don divino que hay en ti y que tanto puede ayudar a otras personas.
Puedes transformar tu vida y salir de lo que tanto te frustra si, te permites dejar de ver culpables y te responsabilizas de tus decisiones y de poder cambiarlas.
¿Qué tal si damos un paseo por tu historia y crecemos juntas?
PUEDES!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!